Degrade de lo Imposible
Acrílico sobre madera
En esta escena, la lógica se suspende y el ojo entra en otro orden:
flores azules suaves sostienen a una figura morada de mirada inquietante, cuyos ojos desiguales parecen interrogar al espectador. Sobre ella, una mano gigantesca y azul desciende desde lo alto para apropiarse de un mundo.
A su lado, un portal se abre para dar paso a una criatura imposible: un caballo-gallo, nacido entre dos mundos.
El paisaje se completa con un árbol desnudo, oscuro, de invierno perpetuo, bajo el cual brotan flores rojas y blancas, recordando que en lo helado la vida insiste.
La obra dialoga con la tensión entre lo onírico y lo real, entre la belleza y lo inquietante. Cada elemento es un símbolo abierto, dispuesto a ser interpretado por quien se atreva a mirar más allá del umbral.











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